jueves, 24 de mayo de 2018

Derrotero de una tesista

Cohorte 2007/2009 de…una Maestría cualquiera. De Julio a Julio….dos años que transcurrieron entre seminarios de maestría con tres Talleres de Tesis que se dictaban en paralelo a los mismos.
Promediando el 2009, entrega del penúltimo trabajo práctico del Taller. Diecisiete hojas logradas[U1]  de un trabajo que a esas alturas se mide en números; y una satisfacción increíble, solo ensombrecida por dos cuestiones importantes: no tenía quien me dirija y tampoco estaba decidiendo el título[U2] .
Creo que si hubiera sido más joven en estas circunstancias ya había logrado no solo director sino también co-director. Este fue/es un obstáculo en el mundo académico actual ya que la tarea es ardua y cuando uno decide dirigir una tesis, por lo menos, analiza cierto futuro del tesista, cierta evolución del mismo. La sociedad en la que vivimos valoriza la posibilidad que dan los años por delante y no al revés, o ambos.
Hube de buscar director en otro lado, fuera de la institución donde cursaba, y agradezco que haya sido así ya que conocí a Beatriz. Es hacer futurología, pero casi hubiera sido un hecho que si hubiera sido por la Facultad yo no hubiera realizado mi tesis.
Dicho esto, y haciendo un paréntesis para mirar el  producto, el resultado final, puedo afirmar categóricamente: sin Beatriz no hubiera habido tesis.
 Esto tiene que ver con conocerla y solicitarle si podía tomar la dirección de mi tesis.
Todo fue una situación totalmente fortuita[U3]  ya que para octubre 2009 tenía que tener Director. Todos me aconsejaban por mi tema un cientista de la educación o alguien que tenga que ver con la Alfabetización inicial…Lo cierto es que estaba desorientada y entrevistándome con distintos profesionales factibles.
Se me ocurre preguntarle a una profesora amiga en momentos que viene a dar una charla a mi Escuela de Rosario, charlamos café de por medio. Quedamos en que nos enviábamos mails. Y se produce el milagro de las acciones fortuitas: nos encontramos con Bea virtualmente, ella pensando que yo era otra, me cambia el tema, el recorte en 3 o 4 mails intercambiados.


Me cambió no solo el proyecto de tesis, sino la vida[U4]  .
Pensar que a finales del cursado y para aprobar el Taller de tesis debía entregar un Capítulo entero desarrollado. ¡Y yo había descartado ese proyecto inicial bajo la dirección de Bea!!!!!. Pasé de la formación docente en el Nivel Terciario al Nivel Inicial en un abrir y cerrar de ojos. Comprendí que si queremos llegar al final de una tesis, debemos concentrar nuestra atención en aquello que sabemos y que además nos gusta.
Y esto tiene que ver con los recorridos de cada uno. ¿Para qué abriría otro frente? Mejor sería andar por aquellos caminos donde tenía más seguridad. Siempre me preocuparon los niños y todo lo que se les dice  en la enseñanza. Yo había dado un gran rodeo durante dos años para llegar a este punto: quería ver qué pasaba en el aula del jardín de infantes cuando irrumpía en la cotidianeidad de la salita, la narrativa relacionada con los sucesos de la Historia Argentina.
Llegar hasta allí me implicó:
·         + Hacer un nuevo proyecto
·         + Buscar otro Estado del Arte
·         + Decidir otro marco teórico
·        +  Utilizar otra metodología de estudio
·         + Armar un nuevo cronograma posible a partir de las sugerencias de Bea[U5] 

Por supuesto que todo esto implicó no solo lecturas y más lecturas, y el intercambio de mails con los cuales se iba dando nuestra relación y su dirección. Sino que, en dicho  transcurso varias veces quise abandonar previa decisión muy contundente; llanto de por medio; compra frenética de libros con Visa a 12 meses; dos encuentros presenciales con Beatriz  (en el primero nos conocimos); los viajes a Buenos Aires para consultar tesis no publicadas, etc.
Fui aprendiendo y poniendo lo mejor de mí. Se pueden recrear otras ideas, buenos resultados de otros, previa conexión con ellos para intercambio de opiniones.  (Ejemplo  Pablo Vain[U6] ).
Sumé la tarea de despejar dudas con mis profesores  de la maestría  en relación a nuevos conceptos que se me ocurrían indagar. Sumé consultas a otros especialistas como Ana Malajovich, Ruth Harf, etc. Hasta tramité un préstamo interbibliotecario entre La Biblioteca Nacional de Maestros y la Biblioteca del Normal 1 por un libro agotado que necesitaba para el marco teórico (Silvina Gvirtz, Textos para repensar el día a día escolar)
Pero con quien más aprendí fue con Beatriz:  desde redactar hasta utilizar los buscadores más confiables de la web. Aprendí para desgravar la evidencia empírica de sistemas de transcripción, de normas de traducción y codificación; el uso de las normas APA y la consecuente enunciación puntillosa bibliográfica.
Los cientos de INDICEs desechados, los objetivos rehechos, el rescate de lindas frases que alguna vez me llamaron la atención como “revisar honestamente y enseñar con honestidad” son otras cosas que me pasaron.
También caer en la cuenta de cuánto de postura política y toma de posición en la que juega lo ideológico tiene generar conocimiento desde una tesis, y con más razón si trata de nuestro pasado colectivo,  común.


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